martes, 27 de enero de 2015

Jorge Zain Asís

Tras la muerte de Nisman, el periodista Jorge Asís propone cancelar las PASO y adelantar las elecciones

23/01/2015 09:09 hs
"No sé cómo va a hacer el país para aguantar todo un año y esperar a Marzo de 2016 para que otro Gobierno arme algo", afirmó el escritor.
Tras la muerte de Nisman, el periodista Jorge Asís propone cancelar las PASO y adelantar las elecciones

El periodista Jorge Asís propone adelantar las elecciones: ¿estás de acuerdo?

Sí 
No 
El periodista y escritor Jorge Asís advirtió que la situación en la que quedó el Gobierno nacional en relación a la muerte de Nisman demuestra un "desgobierno" y por eso realizó un llamado a la dirigencia política: "Que los políticos se pongan los largos y hablen en serio de un adelantamiento electoral, que no es ningún golpismo, porque esto no se puede sostener".

Asís opinó sobre la última carta de Cristina: "Me parece que caen en dos errores: hoy el caso Nisman es mucho más importante y gravitante que la investigación que hizo Nisman. El caso ya adquiere su propia dinámica. Todo lo que sale en el exterior para Argentina es atroz".

"El 1er error es continuar con la descalificación de Nisman. El 2do, que me parece un suicidio, es tender hacia la culpabilidad de Stiuso. Me parece que no saben dónde pisan. En cualquier momento puede haber un contragolpe", reflexionó.

"Que los políticos se pongan los largos y hablen en serio de un adelantamiento electoral que no es ningún golpismo porque esto no se puede sostener", insistió.

"El caso Nisman es para Cristina lo que fue Kosteki-Santillán para Duhalde. Lo que pudo haber sido el caso Cabezas ocurrió en un momento de institucionalidad un poco más fuerte. Hoy no hay la menor credibilidad y se nos ríen".

En declaraciones a Radio Mitre de Mendoza, Asís afirmó: "La Doctora CFK trata la muerte de Nisman como si fuera Agatha Christie. A mí me tildan de golpista por pedir adelantamiento electoral y cancelar las PASO. No sé cómo va a hacer el país para aguantar todo un año y esperar a Marzo de 2016 para que otro Gobierno arme algo".@CayetanoAsis en twitter. Otro de Jorge Asís: 25 de Enero de 2015
ESCENARIO
El diciembre que llegó en enero
Lo que no ha variado, más allá de este atraso calendario, es la intención de sectores empecinados en forzar de algún modo la interrupción del mandato legal y democrático del kirchnerismo en el gobierno.
Roberto Caballero
Foto: diego paruelo

Jorge Asís es dueño de una narrativa con estilo propio, a veces exquisita –como en Flores robadas en los jardines de Quilmes o Partes de inteligencia–, casi siempre mordaz, un autor dedicado a inventar situaciones atractivas, climas envolventes y personajes de fuerte espesor literario; y también, un militante de ideas políticas que lo depositaron en la embajada en Portugal cuando gobernaba Carlos Menem, luego en un afiche donde posaba como candidato a vicepresidente de Jorge Sobisch y que, finalmente, recaló junto a las familias de los represores condenados por delitos de lesa humanidad.
En casos como este, nunca se sabe del todo dónde termina el escritor y dónde comienza el sujeto con pretensiones de poder. Podría decirse que Asís compite con el procesado Carlos Pagni, del diario La Nación, por el lugar privilegiado de "Malraux del antikirchnerismo".
Ambos son los creadores de la mayor cantidad de significados abismales sobre acontecimientos reales o imaginados del relato que pone al oficialismo del lado maléfico de la historia; es decir, tanto Pagni como Asís escribieron, por separado, algo así como el diccionario de lenguajes simbólicos habilitados o permitidos para describir al oficialismo y sus alrededores como una zona oscura de la vida pública argentina.
Pero, a diferencia de Pagni, Asís es, además de entretenido, más eficaz en el propósito de su saga. Ha logrado que la realidad, o quienes lidian con ella, en todo caso, copie la trama de alguna de sus novelas.
Todo el caso Ciccone se cocinó primero en la prosa barroca y fileteada que desborda su blog antes de convertirse en la causa que llevó al procesamiento del vicepresidente Amado Boudou. El caso –seguido de una encarnizada campaña monopólica que buscó demonizar la figura del funcionario que arrimó nada menos que la idea de estatizar las AFJPs– fue el preludio a la avanzada en gran escala de la corporación judicial servicial que tuvo otro pico con el caso de Lázaro Báez y sus historias de hotelerías y valijas, y alcanzó su clímax con la acusación descabellada del fiscal Alberto Nisman por encubrimiento en la AMIA contra la presidenta y su canciller.
A propósito, la desconcertante muerte del fiscal sigue envuelta en un enigma que buena parte de la sociedad y el gobierno decodificaron como un asesinato mafioso, con la intervención ideal o material de espías de buen contacto en servicios de inteligencia nacionales y extranjeros. La difusión de la acusación de Nisman despejó las dudas sobre la inconsistencia probatoria de delito del escrito supuestamente reservado y secreto, algo que dijeron casi todos los juristas. Con la segunda carta de Cristina, también se iluminó lo más obvio para cualquier lectura atenta: al gobierno lo golpea esta muerte violenta, como cualquier otra, pero en este caso hasta un resfrío del acusador era perjudicial. Nisman tendría que haber ido ese día al Congreso Nacional, decir lo suyo e irse, y toda esta historia nunca debió haber salido de allí para entrar, como entró, en las páginas de la novela negra que convirtió a este enero en un diciembre tardío.
Hablando de eso, habrá que reconocerle a Asís su mirada original sobre este caso. Donde otros ven un crimen, los menos un suicido y los distraídos una noticia inexplicable en cadena, Asís vislumbró algo más: la posibilidad concreta de exigir que Cristina se vaya antes, a través de un adelantamiento de las elecciones. Todo, dijo a través de Infobae, "para ayudar a La Doctora".
Su pedido impone como mínimo preguntarse quiénes están pensando a través de Asís y por qué.
El diciembre que llegó en enero, es el mejor título para esta nota. Porque el último mes del año es, habitualmente, el escenario temporal de los discursos y las prácticas tremendistas abonadas con violencia, saqueos, levantamientos policiales, corridas cambiarias y pronósticos destituyentes. Esta vez, el hecho conmocionante ocurrió un mes más tarde. Diciembre fue pacífico. Enero, fúnebre.
Pero lo que no ha variado, más allá de este último atraso calendario, es la intención de sectores empecinados en forzar de algún modo la interrupción del mandato legal y democrático del kirchnerismo en el gobierno. Aún en la antesala de una serie de elecciones de este 2015 que va a determinar, en breves meses, quién será el próximo presidente, el sucesor de Cristina Kirchner.
Podría pensarse que lo que Asís echó interesadamente a volar oculta una obsesión o un simple acto reflejo. Pero es más que eso. Los dueños del poder y del dinero tienen una urgencia estratégica: influir sobre cuál va a ser la valoración que tenga la sociedad futura, la que viene, sobre el kirchnerismo.
La derecha ve la historia desde mucho antes. Una de sus preocupaciones es controlar lo que va a pasar después. Bartolomé Mitre fundó un diario, su tribuna de doctrina, guardaespaldas de su proyecto de Nación, que todavía sigue vigente. Los gobiernos democráticos lidiaron en sus gestiones contra este tábano conservador. No fue el único diario, la secuencia también se repitió con Clarín.
A esos gobiernos surgidos no del deber ser del poder permanente, sino de ese abuso de la estadística llamado democracia, primero les sacaban lo que querían y luego comenzaba la batalla. Salvo Menem, a quien Clarín golpeó bastante en su segundo mandato pero pudo terminarlo completo, entre otras cosas, porque aplicó las recetas económicas que enriquecieron y empoderaron todavía más a estos grupos privilegiados, al resto, además, se les fabricó un estigma que trascendió su tiempo, y los colocó en el futuro como perdedores. Le pasó al radicalismo alfonsinista, que todavía explica su hiperinflación. Les pasó a los aliancistas, que fugaron por los techos. Le ocurrió al duhaldismo, con las muertes de Kosteki y Santillán.
Sin entrar en valoraciones personales o políticas, porque no es lo mismo Alfonsín que Duhalde, o De la Rúa, es cierto que todos ellos comparten una suerte de veto en la memoria social que los invalidó para retornar al poder. Alfonsín fue el único que recuperó la estima social, durante sus últimos años de vida, pero a la Casa Rosada jamás pudo regresar como presidente.
Cuando hay un crimen, los investigadores se preguntan sobre el móvil o la causa. Cristina dijo estar segura de que Nisman fue asesinado y que el crimen era parte de una operación para perjudicarla a ella y a su gobierno. Hebe llegó a denunciar que el cadáver de Nisman se lo habían tirado a la presidenta. ¿Quizá para que el kirchnerismo termine con un estigma sangriento irremontable?
Es verdad que a los dueños del país les repugna esta experiencia política. La quisieran ver sepultada porque trajo novedades redistributivas que no imaginaban ni querían. Porque intentó escribir otra Historia, donde los tuviera a ellos como perdedores.
Procuran escarmentarla para que en el futuro nadie se atreva a volver sobre estos mismos pasos.
La derecha siempre está pendiente del futuro, y por eso lo fabrican desde ahora.
Los dichos de Asís pidiendo que Cristina no termine su mandato son más que deseos personales. Son parte de una ambición mucho más grande: la derecha quiere decidir los hechos de hoy para asegurarse que en los libros del mañana, cuando se mencione al kirchnerismo, se lo asocie a lo maldito e irretornable.
Es una explicación posible a lo que ocurrió en Puerto Madero, no la única, ni la más fundada, pero quizá sirva para reflexionar sobre por qué, esta vez, diciembre llegó en enero. -
En www.infobae.com/2015/01/24/1622812-nisman-la-argentina-congelada
OPINIÓNSÁBADO 24 DE ENERO 2015

Nisman en la Argentina congelada

Jorge Asís
La versatilidad para el desconocimiento de la interna de Medio Oriente logra que en la Patria prosperen las teorías más demenciales.
Argentina se quedó congelada entre muertos de hace cuarenta años. Y padece los malentendidos de una situación interna en Medio Oriente de veinte años atrás.
Tal vez Estados Unidos hoy no hubiera necesitado tanto demonizar a Irán como en 1994. Ahora comparten el mismo enemigo. Es Daech, más conocido como el Estado Islámico.
La irrupción de Daech altera las interpretaciones plácidas de las cancillerías de occidente. Las somete a desafíos informativos e interpretativos, mientras sus sociedades se escandalizan por la mediática brutalidad que impone el Califa Abu Bakr Al Baghdadi. Como arrojar al vacío a los homosexuales. O matar en público a una adúltera. O fusilar adolescentes por mirar un partido de fútbol por televisión. O decapitar rehenes a canilla libre (al cierre del despacho se aguarda que rueden dos cabezas de japoneses).
Al margen de la bestialidad, las cancillerías constatan que Daech, con su sunnismo radicalizado, desplaza de la centralidad a Israel-Palestina y su problemática. Ya el Medio Oriente no oscila alrededor del instalado conflicto.
Territorialización de la jihad
Daech, incluso, se convierte en una amenaza para quienes financiaron, en un principio, en Siria, a los combatientes contra Bashar. Como Arabia Saudita. Y aporta un elemento nuevo que desubica, y sobre todo debilita, a las distintas franquicias de Al Qaeda.
Es la territorialización de la jihad.
Ya no se trata de crear focos de tensiones, ni de generar pánico o caos. Daech se consolida en un amplísimo territorio que unifica a los sunnitas humillados de Siria e Irak. Y explota zonas petrolíferas y hasta vende sin graves inconvenientes morales su producto. Y lo más grave, trata de convertirse en el tercer gran actor que torne aún más complejo el panorama.
En adelante, ya no se debate la problemática entre el Irán persa y chita y la Arabia Saudita rigorista y sunnita.
La territorialización de Daech, sumada a la condición ganada de enemigo principal del "satán americano", emerge como una atracción para los islamistas radicalizados de occidente que ingresan, como por un tubo, a través de Turquía.
Hoy Irán y Estados Unidos se aproximan a través de los horrores del enemigo común, mientras Israel aceita, cada vez con más intensidad, sus vínculos con China. Como la Argentina. Aunque con menor tendencia hacia la improvisación.
Servilletas war
El fiscal Alberto Nisman, abocado exclusivamente a la investigación del atentado contra la Amia, es el exponente de la tesis de la justicia nacional que culpabiliza a Irán. Y que tuvo el respaldo, por órdenes superiores, de la Secretaría de Inteligencia, con el aporte ideológicamente significativo de la CIA y el Mossad, que se renovó mientras se sucedían los presidentes.
Pero cuando se produce el disparatado viraje argentino, se desata, en simultaneidad, la guerra de las servilletas, o las "servilletas war". Y queda Nisman desubicado, como la propia SI. O sea la Secretaría que, con la carátula de Icazuriaga, Corazón de Ballena, y del Paco Larcher, El Espía que viene de Abril, comandaba en la práctica El Ingeniero. Es el personaje mítico que otros llaman Jaime, Jaimito o Stiusso, y a quien La Doctora, junto a los estereotipados cancerberos del cristinismo, quieren tirarles el muerto. O sea a Nisman.
Es precisamente Jaimito quien descubre, según nuestras fuentes, las vinculaciones de una inteligencia y cancillería paralela, que protagonizaban seres tan pintorescos como audaces. Desde D'Elía, El Falso Negro, hasta Esteche, El Escrachador. Y Jaimito se da cuenta también que lo tenían penetrado a través de El Francés, que directamente respondía a los buscapinas que se apostaban en la Casa Rosada. Pero también integraba la banda paralela el propio canciller Timerman, El Ruso de M. Es quien en la causa perdida del cristinismo ofrendó hasta su identidad. Y lo peor es que el pobre creía, según nuestras fuentes, que el acuerdo con Irán era positivo para el esclarecimiento del atentado.
Puede constatarse entonces que Timerman, ante todo, pudo ser un torpe. En realidad, lo fue.
Pero la torpeza en la diplomacia suele ser imperdonable.
Acordar con eI Irán de Mahmud Ahmadinejad era lo mismo que arreglar algún tema con la Argentina del general Bignone en setiembre de 1983.
Por su fantástica impericia, La Doctora iba a quedarse pegada con Ahmadinejad. Es el alucinado que pretendía arrancar a Israel del universo como si fuera un racimo de uva chinche que cuelga en la parra. Y todo para hacerle un favor al extinto Chávez, mientras Rohuani, el sucesor cantado de Ahmadinejad, arreglaba con Obama hasta el tema nuclear.
Pero nadie se lo advirtió a La Doctora cuando, en su amplia versatilidad para el desconocimiento, se lo reprochó a Obama, en uno de los momentos más reprobables de la historia diplomática argentina. Cuando La Doctora, en su desatino invariable, hasta comprometió al Papa Francisco, que es acaso el máximo apoyo que tiene para llegar al final, pese a sus horrores.
Hay que estar de acuerdo con Francisco. Sólo que, para ayudarla mejor, habría que acercarle a La Doctora la línea de llegada.
Pero estados Unidos e Irán se aliaban ante la aparición del nuevo enemigo. Daech.
Inconvenientes de analizar una realidad dinámica con la vocación exclusiva por la historia estática.
La tragedia de Nisman
Lo que pudo haber sido un episodio apenas payasesco de nuestra (falta de) política exterior derivó en una tragedia. El asesinato del fiscal Nisman, justo el día anterior de la presentación en el congreso. De la denuncia acaso excesiva que involucraba a La Doctora, y a la banda de marginales que utilizó para enlodar, aún más, a su administración.
Fue el turno del festival de dislates e improvisaciones que amenazan con llevarse puesto su gobierno.
Queda por suerte sostenido por la limitada paciencia de una sociedad de reflejos controlados, y por la persistencia de una oposición que parece estar más cómoda en su estado pasivo. En su estado –digamos- caniche. Una oposición inofensiva y envuelta que se acostumbró a funcionar sólo a través de la explotación de las equivocaciones de La Doctora. Que es quien mantiene, en sus peores momentos, la iniciativa.
El asesinato del fiscal Alberto Nisman conmueve y enluta a la sociedad argentina y despoja al gobierno de La Doctora de legitimidad moral.
El Caso Nisman hoy es mucho más gravitante que su investigación.
Nadie lo veía al doctor Nisman con muchos deseos de suicidarse. Al contrario, aparecía como bastante acelerado y saludable. Se registró probablemente un exceso de "tapones de punta". Los políticos y los enternecedores periodistas encuadrados se obstinaron en demostrar que Nisman –un "pobre muchacho"- se suicidó porque no podía bancar la parada.
En el hundimiento, entre el grotesco y el bochorno La Doctora hizo incinerar hasta a su máxima fortaleza. Sus diputados, numéricamente suficientes para aprobar la demencialidad que fuera.
Infantilmente los diputados descontaron, de frente a los televisores, la tesis de la inducción al suicidio. Mientras lo que necesitaba saber la sociedad era por que habían asesinado al fiscal que en bloque descalificaban.
Debían cuidarlo a Nisman como si fuera de cristal. Que ni siquiera se les resfriara.
Por incompetencia, deben hacerse cargo, ante la historia, del muerto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario