Lo comparto porque aunque es solo una parábola muestra la situación actual. Sin crítica a los gobiernos de turno y sus manipulaciones económicas no es posible el advenimiento de una nueva era.
Jorge Luis Montes
EL ENTREGADOR
Cuando lo vi la primera vez me sentí atraído por su mensaje de paz y amor.
-Todos somos hijos de Dios. Pero les cuento que los buenos tiempos están por venir y dependen de ustedes- decía a sus seguidores.
Toda su prédica, eran palabras nuevas y valiosas, jamás escuchadas; sus acciones, nunca vistas.
Solidario, imponía sus manos, bendiciendo, reconfortando, curando a quienes se acercaban a él.
Fui uno de ellos. Me llené de gozo cuando miles se reunieron en el parque a vitorear su nombre aquella tarde de primavera.
Me hizo su discípulo predilecto, porque entendía su mensaje a la perfección.
Recorrimos todas las regiones y provincias del país, predicando las buenas nuevas.
Comenzaron a seguirlo en todo el mundo.
Su nombre competía con las viejas creencias.
Decía ser el nuevo Mesías.
Lo denuncié ante las autoridades.
Era demasiado peligroso, porque criticaba a los gobiernos y sus injusticias.
Me uní a él porque lo admiraba, pero como no quería ser su sombra, lo delaté.
Me dieron como premio, un puesto jerárquico en el estado, con sueldo millonario.
En todos los medios de comunicación, resaltaron mis méritos y me mostraron como ejemplo, por ser el entregador.
Él, desprestigiado por mi y otros falsos testigos, dicen que se ahorcó esta madrugada.
-Todos somos hijos de Dios. Pero les cuento que los buenos tiempos están por venir y dependen de ustedes- decía a sus seguidores.
Toda su prédica, eran palabras nuevas y valiosas, jamás escuchadas; sus acciones, nunca vistas.
Solidario, imponía sus manos, bendiciendo, reconfortando, curando a quienes se acercaban a él.
Fui uno de ellos. Me llené de gozo cuando miles se reunieron en el parque a vitorear su nombre aquella tarde de primavera.
Me hizo su discípulo predilecto, porque entendía su mensaje a la perfección.
Recorrimos todas las regiones y provincias del país, predicando las buenas nuevas.
Comenzaron a seguirlo en todo el mundo.
Su nombre competía con las viejas creencias.
Decía ser el nuevo Mesías.
Lo denuncié ante las autoridades.
Era demasiado peligroso, porque criticaba a los gobiernos y sus injusticias.
Me uní a él porque lo admiraba, pero como no quería ser su sombra, lo delaté.
Me dieron como premio, un puesto jerárquico en el estado, con sueldo millonario.
En todos los medios de comunicación, resaltaron mis méritos y me mostraron como ejemplo, por ser el entregador.
Él, desprestigiado por mi y otros falsos testigos, dicen que se ahorcó esta madrugada.
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